Luna de dos (Anónimo)

María cuando sonrié es ajena a su sonrisa. Todo cuanto dice es ya añejo tras salir de sus encarnados labios
Vuelan sus palabras entremezcladas con las aterciopeladas ondas de sus ojos que tan solo él vé y escucha.
Sus contornos azulados se proyectan en el aura del inventario... a saber, un techo, un corredor y a su frente... su eterno compañero colgado .
Pasan los días y nadie observa ya los cuadros...
esperan el plumero sedoso que tanto gusta a María, esperan el brindar de copas, la sombra del fuego que les mece los ojos y luce los marcos. Esperan ansiosos el sueño del vivo, para fusionarse en un abrazo. Valdemar quiere a María su eterno amor de mobiliario. Y cuando todos duermen el rosicler de sus mejillas patina sobre la pátina de sus barnizados labios. Llueve afuera y el agua despierta al rosal, María sonrié...
- ¿Las planté para ti recuerdas? Valdemar musita a su lado.
Y ella le besa y se aspiran intensamente hasta que sus almas ya están en sus venas de acuarela, la noche herida de muerte cede, en las crepúsculares calles ya muele el pan el panadero y tuercen los bolsos las aceras, muere la noche y vertiginosa cae la mañana . Todo vuelve a empezar y sus palabras entremezcladas con las aterciopeladas ondas de sus ojos se proyectan sobre él... su eterno compañero colgado.
Impresionante historia de amor entre dos cuadros, muy original, me has sorprendido. Enhorabuena!
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